
La fotografía nocturna, blanco y negro, con doble exposición es una experiencia fascinante. Hay que tener paciencia, un buen trípode o un buen pulso (en el caso de la imagen expuesta aquí, en realidad un pulso regular), mucha imaginación y cierta capacidad para reinterpretar los objetos y situaciones que se colocan enfrente de la cámara.
Geometría, texturas, contrastes, volumen y registro amplio de la gama tonal del gris, se hacen presentes con el blanco y negro nocturno, ayudados por el cruce de luces artificiales fuertes y medias, siempre incidentes.
En esta fotografía, un registro de ventanas, paredes rayadas, cámaras de vigilancia y algunos materiales de construcción.
Una imagen que bien puede aproximarse al discurso de la ciudad vigilada… o la que vigila, en el entrecruce de sus sombras, sin las cuales, obviamente, no hay luz, ni misterio.
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Doble exposición nocturna, en blanco y negro, es algo extraño de ver. Creo que en esta foto, el autor consigue varios logros importantes. El juego de líneas, el contraste de texturas, una propuesta de “conversa” geométrica, la exploración de la luz y, además, la superposición de imágenes. Bella imagen.