“El maestro, ya ubicado tras las espaldas de sus alumnos, dijo, con tono determinante: La presencia de un ángel, Lara, siempre pervierte el orden y la dimensión humana. Primero, porque atenta contra el miedo. Segundo, porque abre un espacio de contacto inusual, un espacio que se dimensiona cuánticamente y que se ubica fuera del dominio del hombre.
Por lo tanto, todo ángel es perverso -puntualizó Lara.”