Ya escribí una vez sobre las esperas en los aeropuertos. Esperas largas o cortas, alegres, inquietas o tristes. Algunas llenas de angustia, otras de expectativa sana, la mayoría de simple conformidad con el devenir, con la llegada inminente.
Escribí citando a René Char en su poema Viajeros: “Después que el tren desaparece / la estación sale riendo / en busca del viajero”. Char hablaba de un tren. Yo hablo de aviones y de aeropuertos. Hablo del viaje, la búsqueda y un alguien que aguarda a otro alguien que llega -o parte- en un ámbito que termina por convertirnos también en ese alguien que viaja.