“Un polvo fino de antimonio determina el rasgo mayor de su rostro, traza una línea curva sobre el borde superior de los párpados para unirlos en el entrecejo. Detrás del gesto al que obliga la curva del etanol, hay una disolución volátil; es decir, un espíritu.
Bajando por el puente ligero y quebradizo de la nariz viene un trazo oscuro, como de carbón vegetal. De la comisura derecha de la boca surge la muestra del trance: restos de saliva amarilla, espesa, dura. Su cuerpo se estremece todo, se estrangula, sería mejor decir, porque parece perder el aire que lo nutre y repite espamos sucesivos, como si se tratase de un pez fuera del agua.”
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