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Cantos, recantos y encantos de Brasilia (IV): La hegemonía del vidrio

Ahora crucé la calle. Del otro lado de la calle donde habito hay también locales comerciales y entre ellos dos marqueterías (vidraçarias, aquí en Brasilia, porque en realidad dan mayor valor al manejo del vidrio que al de la madera).

Estos dos locales son bastante diferentes a los dos anteriores. En primer lugar, trabajan más con el vidrio, y en segundo, sus áreas traseras están menos marcadas por el color, son más planas, menos vistosas.

A pesar de su menor colorido, no dejan de ser interesantes y de tener su particular encanto. Me he aproximado a este lado de la calle en una tarde lluviosa y cerca de las 18 horas, y esta vez acompañado por mi esposa Francismar, que experimenta una máquina lomográfica Diana F+ -obsequio de navidad-, y por mi perra Olga, una preciosa bulldog inglés de cinco años de edad (Recomiendo dar una pasadita por el site de fotografía de Francsimar: http://salvapalabra.tumblr.com/).

En este lado de la calle amplié el registro. No quise conformarme con los encantos de los patios de las marqueterías, porque encontré otros espacios más “jugosos” en cuanto a color y posibilidades encantatorias.

Decidí ir más allá de la hegemonía del vidrio y del encanto de los fondos porque algunos locales brindaban maravillas coloridas en sus laterales y en sus vitrinas frontales (aunque a decir verdad, la hegemonía del vidrio continuó).

En este caso el color reververaba con mayor intensidad entre callejones, laterales y partes frontales de la cuadra. Aquello era una impudicia de color, un desafío al gris omnipresente en la ciudad utópica administrativa, a las calles y avenidas de líneas perfectas y de controles exactos. Aquello era (es) la voz de la humanidad a gritos contra la excesiva y castrante seriedad del monocromo burocratizado (o de la burocratización del monocromo, que sustrae la belleza artística y las múltiples posibilidades sensitivas al blanco y negro y a los matices delicados del gris, para reducirlo a una manifestación seca, secante, castrada y castrante).

Brasilia es una ciudad distinta a la que se muestra a los turistas. No entiendo porque la oficialidad se empeña en mostrar al estrangero una ciudad gris, de seco concreto, al visitante foráneo, como si esto fuera el ápice de la conquista estética del ser humano.

O como si reducirnos a líneas y curvas perfectas, definidas por una mococromía sin matices, fuera el nivel máximo de la felicidad humana.

No cabe duda de que hay registros, ocasiones, cosas y espacios más auténticos en la ciudad. Y todos derivan del tránsito humano, de la acción de las personas sobre ellos, del ejercicio de la autonomía ciudadana sobre la imposición oficialista de los administradores de oficio.

Existen espacios de una simpleza colorida maravillosa, que se armonizan de manera natural, sin demasiados cálculos ni teoremas. Espacios para la contemplación y el rescate del sentido de humanidad, del libre albeldrío ciudadano, de la sensación de felicidad urbana, tan perdida desde hace tiempo.

Existen puertas y ventanas con toques maravillosos, especiales, como de fantasía real. Existen momentos en que nos gustaría atravesarlas para revelarnos enormes ante la pequeñez y la mezquindad de la ciudad administrativa con pretensiones de seriedad y perfección.

Existen corredores, rincones, cantos y recantos que isinuan aventuras y conquistas poco comunes, que prometen revelaciones fantásticas, que ofrecen sensaciones extremas.

Existe una Brasilia distinta (diferente y distinguida) aún oculta por los diferentes cantos de la ciudad, que tenemos la obligación de descubrir y revelar, para redimirnos ante la naturaleza que hemos lacerado.

Existe una ciudad pletórica, que se ofrece a nuestros ojos casi sin costo, de gracia, una ciudad que tenemos que aprender a ver y a observar con detenimiento, para disfrutar de sus encantos y hacernos más humanos y verdaderamente urbanos.

This entry was published on 26 diciembre 2009 at 12:43 pm. It’s filed under Color Digital and tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

2 pensamientos en “Cantos, recantos y encantos de Brasilia (IV): La hegemonía del vidrio

  1. Pingback: La calidad de la Ricoh GX200 « noflash café

  2. Están lindas las fotos de esta última entrega, amor. Por el trabajo con el color y por los ángulos. Me encantó la foto de la parrillera. Pasamos por ahí y no vi ese “lado del cuadro”. Me pareció genial.

    Besitos,
    Achi.

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