Claro que en el ambiente era percibible la animación carnavalesca. El movimiento de gran cantidad de visitantes, el ruido musical, la alegría etílica abundante en las calles, revelaban esto. Revelaban algo que no quise fotografiar, para dedicarme mejor a mostrar momentos de serenidad y equilibrio entre ciudad y habitantes. Para mostrar esa Pirenópolis hermosa que me gusta más, con la armonía de sus locales, siempre dispuestos a una sonrisa para la gente.