Hay algunas horas sombrías. Momentos de escasa luz y de débiles ideas. Hay algunas horas que se enredan en laberintos impalpables, disímiles, extraños, colocados justamente a la orilla de los días.
Hay algunas horas de ensueño y meditación (no sé si son la misma cosa, pero existen). Ritmos pausados para pensar en los silencios que nos acompañan y en sus verdades.
No hay, sin embargo, panoramas muy abiertos en los espacios privados, ni redenciones posibles, ni milagros, ni una luz que nos guie de forma cierta.
Café 210 para pasar la tarde atareado en el silencio y en la lejanía. Y sin probar el pan como cuerpo de Cristo.