La luz no da tregua ni deja espacio a la resistencia. La oscuridad produce sus sombras como soldados atávicos que cubren la belleza de las cosas.

Los mínimos detalles, las mínimas minucias, todo avanza sobre la luz como en una marcha santa, entre velos y halos, entre sombras y sencillos milagros del tiempo.

Basta, a veces, sólo andar por los rincones, casi al ras del suelo, para entender la estrategia de la luz y la forma de las cosas que le huyen sin exacto pavor.

Basta esconderse y guardar silencio, mantenerse a la espera, agazapado y atento al tránsito de las horas, que tarde o temprano llegará la luz y sus conquistas.

Hay siempre una revelación, una sorpresa devenida del misterio de las sombras cuando llega la luz y hay siempre alguna luz dispuesta a demostrarlo, como en un país de maravillas.
