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Santos, caballeros y bufones

Niños observan el paso de los caballeros por las calles de Pirenópolis.

He estado unas cinco veces en Pirenópolis, un municipio brasileño del Estado de Goiás que dista 140 km de Brasília. Diversas son las razones que me han llevado allá: la artesanía goiana, la buena gastronomía, la preservación arquitectónica y los festivales de cultura.

Sí, en Pirenópolis, un municipio de apenas 20 mil habitantes, usted se mueve entre bellezas distintas y complementarias, que son expuestas durante casi todo el año en diversas fiestas culturales. No obstante esta vez, llegué por casualidad a una de sus mayores manifestaciones turísticas y de cultura: la Fiesta del Divino Espíritu Santo.

Enmascarado bordea la Iglesia Matriz a caballo.

Pirenópolis es considerada la cuna de la cultura goiana y en su centro histórico, declarado patrimonio cultural, destacan los altares barrocos y las celebraciones de la fiesta del Espíritu Santo, las Caballadas (manifestación profana) y la Veiga Vale. En esta ocasión me topé con la edición número 192 de la mayor manifestación religiosa del Estado, que antecede a la representación de las batallas entre moros y cristianos durante la invasión de la península ibérica, llamadas Cavalhadas (Caballadas).

Parte interesantísima de las Caballas es la participación de niños, adolescentes y jóvenes del municipio y aledaños, que se enmascaran y disfrazan con ropas vistosas para emular la acción de los esclavos que durante la época de la colonia estaban impedidos de participar en las celebraciones religiosas y en las fiestas del pueblo. Estos enmascarados falsean el tono de su voz al dirigirse a los presentes para evitar ser reconocidos y dan el toque profano a la fiesta al pedir dinero, danzar de forma provocadora e ingerir bebidas alcohólicas.

Niños que trabajan como recogedores de desperdicios observan a un enmascarado.

Antiguo enmascarado, recuerda con nostalgia los viejos tiempos y su alma se proyecta en la celebración profana.

Otra casualidad hizo que durante este fin de semana en Pirenópolis nos toparamos con el 3er Maratón Fotográfico, evento que en realidad se realiza desde hace tres años para acompañar las fiestas del municipio y atraer mayor número de turistas. Al llegar restaban escasas dos horas para el cierre de las inscripciones y Francis (mi esposa – vean sus fotos aquí) y yo decimos anotarnos de inmediato. El entusiasmo se me pasó a los 30 minutos de haberme inscrito, cuando al salir a la calle para fotografiar me crucé con una andanada de personajes que, sin ser japoneses ni turistas, marchaban apertrechados con sendas cámaras digitales de teleobjetivas espeluznantes y caían como moscas sobre cuanta escena típica se presentase (algunos hasta disparaban el flash embutido, para luego observar la pantalla de la cámara con una satisfechísima sonrisa en los labios).

Solitario frente a la hoguera donde sería incinerado el mástil durante la noche, su ejecutor no tuvo un momento de paz. De inmediato docenas de personas con cámaras, flashes y teleobjetivas cayeron sobre él.

Dada la situación, opté por dar unas vueltas y hacer una que otra foto, en procura de momentos y espacios de libertad, de algunos santos y algunos caballeros, sin tantos bufones alrededor, e hice estas cinco imágenes que ahora ofrezco para ustedes. Dejé Pirenópolis con una sensación extraña y profundamente agotado. Sentí aquel pulular de cámaras como la afirmación del poder profano de la tecnología de lo fácil sobre el esfuerzo de siglos de trabajo cultural de esencia. Pero vale, esa es una realidad contra la que será difícil luchar. Nunca me conformaré, pero sé que habrá que vivir con ello y tratar de entender (entender como una fotografía tomada en modo automático alcanza el mismo valor que otra captada en modo manual!!!).

Puerta lateral de la Iglesia Matriz, en donde fisgué a este personaje del cortejo religioso como dudando en integrarse a la fiesta. Había varios "paparazzi" alrededor.

This entry was published on 24 mayo 2010 at 2:57 pm. It’s filed under B&N Digital and tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

Un pensamiento en “Santos, caballeros y bufones

  1. Gordo… hay algo en este conjunto de fotos que me llama la atención. En todas (salvo en la tercera) hay un trabajo con los blancos (con los espacios blancos). Es un camino interesante. Confieso que el asedio “maratónico” también me cansó pero, al mismo tiempo, me alegra haber visto algunos aspectos de la celebración del Divino. ¡Ah!, antes que se me olvide: nada sustituye el trabajo manual. La pregunta: ¿cuántas personas se detendrán a verificar cómo fue hecha la foto? Supongo que apenas los interesados en la fotografía como arte.

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