Signus Photo Site

Artículos


Y es que la lluvia atenta contra tantas cosas…

Durante su intervención en el programa Sangue Latino del Canal Brasil –gravado en 2009- Eduardo Galeano reveló que acostumbra a dar largos paseos a la orilla del río de La Plata y con ello ahorra grandes gastos en psicoanálisis. Vargas Llosa, en un reciente artículo de La República, acompaña a Nicholas Carr en su advertencia sobre el daño severo que ocasiona al intelecto el esquema del conocimiento fragmentario y sobreevaluado que circula por la Internet. La denominada “inteligencia artificial” es el artificio más nocivo para la naturaleza y la humanidad, parece rubricar el Nobel peruano.

Y de alguna manera, Galeano, desde una orilla intelectual e ideológica opuesta –como sabemos- revela una idea similar: una caminata a la orilla de un río, todo un acto natural, de proximidad con la naturaleza y la esencialidad humana, antes que la búsqueda y la sumisión a los artificios propios de la modernidad, para sanar el cuerpo y la mente, para encontrarse con los engranajes del equilibrio universal.

Ayer yo leía a Donoso, mientras disfrutaba de la lluvia. La lectura de un buen libro y un acto natural como la lluvia me colocaron en momentos de suave equilibrio con el mundo, con un mundo casi en extinción.

Un mundo extinto es aquel donde no pervive nada de lo esencialmente natural para los hacedores de ese mundo y por consecuencia lógica tampoco los hacedores existen más.

En el mundo actual esta casi extinta la inteligencia natural, los procesos de aproximación al conocimiento han sido altamente mediatizados, por lo que el resultado de éstos no alcanza, en general, niveles mayores al de la mediocridad, el mayor valor existente es el que impone el poder, a su antojo y capricho, el cambalache de la realidad y de su sentido ético es la orden, y el saber vacío y fragmentario es la regla y la medida del valor social.

Ayer fui feliz a ratos porque conseguí conectarme con actos esenciales, naturales, humanos, completos y casi únicos en su dimensión existencial. Leer un libro es hoy un acto casi sagrado y dentro de poco será más que sagrado, anacrónico. Y en el cambalache obligado de la modernidad, este acto sagrado se tornará sacrílego, pues aferrarse a formas tecnológicamente obsoletas es el peor pecado que pueda cometerse dentro del mundo artificial y artificioso al que nos dirigimos.

No se trata de un asunto de formatos. No es una diatriba entre el libro en papel y el libro electrónico. No es un tema de contraposiciones ideológicas entre los defensores de la conservación del ambiente y los de la entronización del purismo conductual, en medio de los cuales se mueven –claro está- los fuertes intereses económicos de las industrias madereras y las de los chips.

Es que ni en uno ni en otro formato se lee ya como se debe, en la medida que se debe. De igual manera tampoco hoy se puede apreciar la lluvia como se debe ni en la medida en que se debe. Leer un libro atenta contra el tiempo, contra la velocidad de respuesta que impone el mundo actual (porque leer hoy sólo se hace por la necesidad de responder a algo, no por el placer de redimensionar el espíritu con las revelaciones latentes en lo que se lee). Y la lluvia, pues, la lluvia atenta hoy contra tantas cosas…

Se asegura que la tecnología ha sido concebida para aliviar el camino del ser humano en el mundo y mostrarle un sendero más expedito a la felicidad. Se dice que los avances tecnológicos contribuyen a simplificar tareas antes complejas. Hoy yo no empleo aquella enorme y ruidosa máquina de escribir para redactar esto, ni mucho menos papel en un carrete, por lo que si me equivoco o deseo reelaborar una frase, pues sólo pulso la tecla delete y listo, el ordenador elimina lo escrito, deja el espacio impecablemente blanco para poder reescribir sin tachaduras. Es tan efectivo que en segundos olvidaré lo que quise corregir, la redacción anterior, tal vez hasta su intencionalidad y recursos gramaticales. Nada quedará registrado de esa primaria escritura que tuvo una intención, una inicial idea, una primera elaboración intelectual en mi cabeza. Definitivamente, no habrá memoria de ello, porque no habrá papel que halla retirado del carrete de la máquina, ni tachadura o enmienda hecha con lápiz y ni siquiera nota al margen en tinta roja (porque hoy podemos realizar notas al margen con los modernos software procesadores de textos, pero, seamos sinceros, cuántos de los que usamos este sistema hacemos eso?).

SI el camino más expedito a la felicidad es la anulación de la memoria, pues sí, estoy de acuerdo en que la tecnología actual y su avasallante desarrollo contribuyen bien a ello.

Qué que sacrílego soy!!! Que desconozco de forma arbitraria el valor que representa la nueva tecnología para el almacenamiento y archivado de datos y dato y datos en espacios reducidos y de mejor manejo!!! Puede ser. Sí, hoy es posible archivar datos y datos y datos y datos y datos y datos y datos y datos y datos y datos y datos y datos y datos y datos y datos y datos y datos, cualquier mierda de datos que se nos presente en espacios mucho más pequeños, fragmentados y vulnerables. Si bien son más resistentes al tiempo, no así al hombre. Hoy basta pisar un botón para que todo se vaya al carajo, desaparezca, se borre, se esfume, delete.

Cuántas imágenes he borrado, así, de primera, por pensar que no estaban bien? Cuántas páginas eliminé de mi ordenador y cuántas frases y párrafos rehice de mis escritos, por considerar que podía escribirlas mejor? Ya ni lo recuerdo. Sin embargo, conservo aún todos los negativos de las fotos que he tomado con cámaras mecánicas y muchos de los viejos manuscritos que redacté durante mi época adolescente. Esa historia puede registrarse y abordarse sin el riesgo de la fragmentación.

No lo sé, tal vez esté sufriendo de un ataque de nostalgia, pero considero que no existe avance real en la asunción de mecanismos y modelos diseñados para y por el mercado de la vanidad, el conformismo y la pereza intelectual. No cabe duda que redactar una novela en una vieja Smith Corona requería mayor esfuerzo intelectual y físico, mayor paciencia y entrega corporal, mayor mística y conocimiento, que hacerlo en una MacPro, o que tomar una excelente fotografía en una antigua Minolta SR-1 que en una Sony Alpha DSRL.

En fin, que no es lo mismo ver caer la lluvia hoy, que ayer, cuando jugábamos a los barquitos de papel hechos por nosotros mismos en los pequeños riachuelos y corrientes que la lluvia dejaba a su paso. Hoy ya no hay barquitos de papel sino de pixeles, que navegan por las cajas simuladoras de los X-Box. Y que poco sabemos hacer con nuestras manos y con nuestro intelecto, a favor de un mundo esencialmente real y humano.

↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔

La piedra que es el clic

Joao Roberto Ripper y Sebastiao Salgado

La fotografía no va a cambiar el mundo, porque para hacerlo tendría que modificar al hombre y lamentablemente para la mayoría de las personas una foto es sólo una imagen referencial y no el advenimiento del sentido de la vida para la consciencia ética y estética del ser y el estar en el mundo.

La fotografía es el pensarnos ante el espejo del estar delante del ser que la propia vida coloca a diario frente a nosotros. De allí nuestra responsabilidad –o desafío- frente a aquella porción del espejo que nos invita a sentir la realidad abrumadora de la imagen reflejada.

Sea de la dinámica cotidiana o de la producción en estudio, aquella imagen reflejada llega a nosotros sobrepesada (reflejar es reflexionar) por otro observador generalmente más acostumbrado a la tarea de buscar aquellas dimensiones ocultas del imaginario humano articuladas en nuestro medio por nuestros propios actos (reflexionar y reflejar es actuar en la amplia dimensión del imaginario humano), aunque casi siempre ignoradas en el vértice de lo ordinario (vértice que torna todo siempre aparente, claro).

No quiere decir esto que la fotografía sea una ética ni una estética. No. La fotografía es la construcción de un discurso –visual y sensitivo- que se nutre de lo imaginario referencial a lo real redimensionado por las referencias vitales del hombre y va siempre a penetrar (invadir y poner al descubierto, es decir, revelar) en el sentido de la vida del ser humano. Siempre, de una manera o de otra, en lo ético y en lo estético.

Aplicada a lo documental, la fotografía asume el pleno sentido revelador. Ella descubre, invade, indaga y corrompe. Sí, el resultado final de la imagen fotográfica es la corrupción del origen, que en ella pierde la naturaleza primaria para tornarse simple referente o complejo advenimiento y es por eso que en cualquiera de los dos casos ella es abrumadora. Y el advenimiento es especialmente complicado delante de la reflexión documental, pues lo que sobrepesa en esta es siempre la ascensión del origen (del referente puro) a la imagen fotográfica, la llegada (solemne o no) de lo esperado tras lo que muestra la referencia inmediata, el medio que nosotros mismos creamos.

Veamos como uno de los casos de esta llegada solemne el trabajo fotográfico de Sebastião Salgado[1], el complejo efecto del espejo que él coloca delante de aquellos que perciben sus imágenes como el acontecer profundo del sentido ético y estético de la vida en el mundo ordinario que hace mucho hemos asumido con la distancia del peregrino.

Es posible, sí, observar el trabajo de Salgado como simple referente de hechos duros, injustos en el marco territorial de regiones que consideramos exóticas. De hecho, aquella dureza trabajada con maestría estética torna aún más exótico el paisaje territorial y humano en las imágenes fotográficas de Salgado –como en el caso del libro O berço da desigualdade, bellamente editado por la representación de la UNESCO en Brasil (Salgado, Sebastião y Buarque, Cristovam (2005,2006): O berço da desigualdade. UNESCO, Fundação Santillana, Brasil). En éste, quien puede negar el exotismo de imágenes como Somália – Escola para moças (Salgado 2005,2006: 52-53) o Tailândia– Escola rural na região de Shang May (Salgado 2005,2006: 86-87)?

Es obvio que el espejo del estar delante del ser que Salgado coloca frente al espectador no tiene función narcisista ni teatral. Este es distinto porque no forma parte de aquel grupo que convida a mirarse únicamente desde el punto de vista estético o desde el referencial, aún cuando en su dureza abrumadora consiga mantenerse gentil, elegante y educado.

La ascensión del origen referencial a la imagen fotográfica resulta en Salgado bastante compleja por cuanto su cuidadoso trabajo estético –casi un Ansel Adams de lo documental- hace que el referente transite de la revelación de lo real antiético hacia la belleza artística. He allí el relajamiento de lo revelado y al mismo tiempo la corrupción del sentido pleno del referente para el observador (De allí que resulte común encontrar el adjetivo “bonito” aplicado a las imágenes de Salgado. Simple: la realidad que revela es de una dureza antiética pavorosa, pero su concepción estética se sobrepone en la imagen a los ojos de espectadores ávidos de atenuar la dureza del mundo).

Menos solemne, o en verdad estéticamente nada majestuoso o elegante –aunque no menos fértil en su plasticidad- es el trabajo de otro documentalista brasileño, que transita el camino del contenido referencial ético, social y político en la fotografía: João Roberto Ripper[2].

En sus imagens humanas Ripper parece libre de cualquier escala técnica o estética y todavía más de cualquier riesgo de representación exótica.

Más ocupado en liberar de complejidades la ascensión del origen referencial a la imagen fotográfica, el trabajo de Ripper se adhiere de forma absoluta al pleno sentido revelador de la fotografía documental: este obliga al espectador a confrontarse, a observar dentro de sí sin distracciones estéticas. Penetra, descubre y vulgariza al extremo de la dignidad aquello que ya ha sido vulgarizado por la corrupción del hombre, es decir, lo trae al vulgo sin demora y sin desvíos, lo informa social y políticamente y no estéticamente.

En Ripper no hay corrupción del sentido pleno del referente, lo que vemos es la perversión del sentido ético de la realidad abrumando siempre al espectador, como en el caso de João e Olga, uma história de amor e coragem (Ripper 2010: 21) o de la imagen de Uma criança carvoeira em Ribas do Rio Pardo (Ripper 2010: 49), las dos presentes en la muestra y en el libro-catálogo Imagens Humanas, editado por la Caixa Econômica Federal (Ripper, João Roberto (2010): Imagens Humanas. Caixa Econômica Federal, Brasil).

Ninguna de estas fotografías va a cambiar el mundo. Ni Salgado ni Ripper van a conseguir modificar con sus fotos la conducta depredadora del hombre –sea o no su intención. Sin embargo, lo que su trabajo trae al mundo es la ubicación de la fotografía como espejo del estar delante del ser que obliga al espectador a asumir el desafío de observar más allá de lo referencial, de localizar la imagen en lo reflexivo y con ello compartir su sobrepeso.

Resulta inevitable que la imagen en Salgado quede amarrada a la promesa estética, que su contenido sea percibido, asumido, invadido e indagado, en búsqueda de la belleza, de la elegancia y del exotismo, por más atroz  que sea la situación captada por el fotógrafo, así como es difícil que al espectador de las imágenes de João Roberto Ripper le venga a la mente como primera idea o frase de calificación la de “imágenes bonitas”, y eso forma parte de la deliciosa y sorprendente realidad de aquella fotografía donde ética y estética luchan por un lugar de privilegio, a pesar de la intención inicial del fotógrafo y contra cualquier prerrogativa del espectador.


[1] Sebastião Salgado, nacido en Brasil en 1944, radicado en París, Francia, se licenció en Ciencias Económicas  en 1968 y concluyó un Doctorado en Economía por la Universidad de París en 1971. Empezó su carrera como fotógrafo en 1973. Ha viajado a más de 100 países para sus proyectos fotográficos, compilados en los libros: Outras Américas, Sahel el fin del camino, Trabalhadores: uma arqueología da era industrial,  Migrações y O berço da desigualdade. Su trabajo fotográfico ha sido expuesto en todo el mundo. Salgado es Embajador de Buena Voluntad de la UNICEF. Ha recibido numerosos premios como reconocimiento a su trabajo, entre ellos: Premio “Eugene Smith for Humanitarian Photography” (Estados Unidos, 1982); Premio Rey de España (España, 1988); “Grand Prix National du Ministère de la Culture et de la Francophonie” (Francia, 1994); Premio Príncipe de Asturias para las Artes. Formó parte de la legendaria agencia Magnum Photos de 1979 a 1994, de donde se retiró para fundar su propia agencia, la Amazonas Images.

[2] João Roberto Ripper, nacido en Brasil en 1955, ha desarrollado durante 35 años un trabajo fotográfico enfocado en el tema social, ético y político. Fue fundador de la organización no gubernamental Imagens da Terra, un centro de documentación fotográfica mediante el cual recorrió Brasil durante 10 años para mostrar realidades ocultas en un trabajo documental enfocado en los derechos humanos. También fundó y coordina la agencia-escuela Imagens do Povo, ubicada en la favela da Maré, concebida para formar fotógrafos populares con un nivel de excelencia que les garantice diplomas expedidos por la Universidad Federal Fluminense. Ripper es considerado un fotógrafo comprometido por actuar en el área de la denuncia y la inclusión social a través de la fotografía. Con sus proyectos fotográficos dedicados al área de derechos humanos se ha hecho merecedor de varios premios internacionales.

↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔

Es el reporterismo gráfico un reducto masculino?

Una copa de un buen Carmenère Santa Carolina, reserva 2007, acompaña el inicio de esta reflexión. Son las 22:21 horas en Brasília.

El vino brinda un delicado aroma a grosellas y se deja colar en la boca con una textura aterciopelada. Me gustaría encender un Panter Arôme holandés, pero mis problemas alérgicos lo impiden. Me conformo con el vino, ahora, y con darle vueltas mientras lo bebo a algunas inquietudes.

Acabo de leer en una revista de fotografía un reportaje sobre la falta de mujeres en el campo del reporterismo gráfico en Brasil.

Los números que aporta el reportaje son alarmantes. En el mayor periódico brasileño, O Globo, la relación de mujeres fotógrafas es de una (1) por cada cinco (5) reporteros gráficos. En otros dos grandes periódicos la situación no es diferente: Folha da São Paulo tiene una (1) fotógrafa entre dieciocho (18) reporteros gráficos y Estado de São Paulo, donde trabajan veinticinco (25) fotógrafos, también cuenta con una (1) mujer que ejerce el oficio.

Entre las distintas fotógrafas entrevistadas en el reportaje se vehiculan diferentes opiniones sobre este fenómeno. Hay quien achaca este bajo número de mujeres que ejercen el trabajo de reportero gráfico en periódicos a lo que consideran como dificultades naturales del oficio: la falta de un horario fijo, la dureza de las pautas y las exigencias físicas, y hasta el peso del equipo fotográfico.

Otras, como las veteranas Claudia Andujar y Maureen Bisilliat, niegan esta consideración. Andujar asegura que la fuerza física no es esencial para ejercer el reporterismo gráfico y sí la personalidad. Bisilliat, que no distingue entre hombres y mujeres dentro de la profesión, posee un criterio similar; para ella las pautas a las que son enviados los fotógrafos dependen de la competencia profesional.

Lo de la dureza de la profesión y las exigencias físicas, aunque existan y puedan ser consideradas “condicionantes naturales”, no deben catalogarse como insalvables, ni mucho menos deben ser empleadas como disculpa para el bajo número de profesionales femeninas en el campo del reporterismo gráfico.

Deportes como el fútbol, el taekown-do y el boxeo cuentan con destacadísimas representantes femeninas en el mundo y son cada vez más practicados por mujeres, claro que no de forma mixta. Mujeres y hombres se enfrentan o encuentran en estos campos deportivos sólo en situaciones excepcionales, mientras que a las fotógrafas se les asignan pautas del “periodismo duro” casi con igual frecuencia que a los hombres y con el mismo nivel de responsabilidad y de riesgo.

Es obvio que cualquier mujer con calidad profesional en el reporterismo gráfico puede desempeñar roles tan duros como cualquier hombre, puede cubrir cualquier pauta, por terrible que sea. Creo que por parte de las mujeres es un asunto de elección. Ahora, lo que sucede del lado de los medios impresos tiene que ver con un problema cultural, es, sin duda, un atavismo.

No sé que opinen los lectores. Yo ya casi termino el delicioso Carmenère. Mañana me tocará revisar algunos otros apuntes sobre fotografía. Antes de sentarme a escribir esta entrada y de haber leído el artículo sobre las mujeres en el reporterismo gráfico, había terminado de ajustar el trabajo fotográfico que he titulado Ritmo Brasil, del que ya adelanté una primera entrega y que ahora colocaré completo en una muestra slideshow. Desde mi punto de vista, un trabajo tan delicioso como el vino que acabo de terminar.

Vuelvo sobre el artículo. Página 50. Opinión del crítico de fotografía y ex-editor gráfico de la Folha de São Paulo, Juan Esteves: “Ninguna de las grandes publicaciones brasileñas tiene preconcepto con la mujer en el reporterismo gráfico. Entonces, lo que falta es voluntad por parte de las fotógrafas”.

Será que tiene razón el reportaje cuando afirma que el bajo número de mujeres fotógrafas en los periódicos muestra que el reporterismo gráfico es un reducto masculino?

↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔

El fotógrafo y el Caos

El CAOS no es teoría ni práctica del desorden. El CAOS es el cosmos de la creación que palpita y mueve el tiempo, la imagen de nosotros mismos construyéndose desde cada hecho perfilado, y aún por perfilar. El fotógrafo frente al CAOS emplea el tino de un disparo, aguza la mirada, observa el entorno desde la óptica de cuerpos sobre cuerpos, cristales sobre cristales, luz sobre luz. El fotógrafo se mezcla con la realidad del CAOS, en su movimiento constructivo y subversivo, para intentar interpretarlo y recomponer con él –vaya paradoja- la historia de su propia inmersión.

Quiero decir con esto que el fotógrafo es el CAOS que registra y por el cual, a su vez, es registrado, patentado, puesto en evidencia. Además de la cámara fotográfica que articula, están los seres, colores y momentos que pueblan el CAOS: elementos, distancia, color, palabra y luz, conforman el fin último de su persecución, de su deseo por reorganizar el mundo que se mezcla, confunde y a veces se diluye ante sus ojos y los otros, los otros mirares inocentes, desapercibidos, y responsables con su indiferencia por las formas que el CAOS adquiere.

El fotógrafo es un hechizado frente al CAOS, un irreverente y un esclavo. Cumple todos esos papeles frente a la realidad que intenta reorganizar y reinterpretar, sin inocencia. El fotógrafo interviene, porque el CAOS lo permite y juega con él, lo reinventa también al darle espacio y tiempo, oportunidad para la reinvención. Nadie puede decir que es inocente y que por eso capta bien el desorden, porque el desorden solo existe en el movimiento de las cosas que se buscan y relacionan para organizar constantemente su centro y su entorno. Hasta allí pretende llegar la lente del fotógrafo, casi siempre en solitario. Es una tarea titánica, no cabe duda. Una batalla de David contra Goliat, donde no siempre la piedra que es el clic alcanza el objetivo.

El CAOS define la ciudad y sus bordes iracundos y complejos. No todo lo que es torcido es errado, sino recuerden las piernas de Garrincha (reza un adagio brasileño), o las imágenes que capturan la subversión del entorno y del momento, infestadas de aparente arbitrariedad y desorden. Pero el desorden no es el CAOS, sino su negación. Y el fotógrafo sabe, sabe reconocerlo. ¿Es él un hacedor de imágenes? ¿Una especie de demiurgo del símbolo iconico? ¿O es un simple intérprete de la subversión qué es lo cotidiano? ¿Quién tiene la respuesta? Con seguridad no aquél que enarbola una máquina fotográfica y dispara sí aliento intentando domeñar el espacio que lo aborda y lo doblega.

El fotógrafo es el CAOS dentro de sí y sus imágenes solamente son esa pequeña referencia a la inmensidad de su desvarío. La estructura del CAOS lo construye desde su mirar libre de inocencia y lo coloca más allá de la simple teoría y del propio cosmos que una vez lo vio nacer.

↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔

La imagen instantánea

12minerosLa fotografía de registro no es ni debe ser un instrumento para la interpretación. Quien ose tomarla como tal estará siempre levantando falso testimonio.

Quién puede garantizar que la instantánea de un hombre que viste overol y asegura un martillo, revela a un trabajador consecuente y eficaz?

Por ejemplo, el mundo de la burocracia es el mayor enemigo y al mismo tiempo el mejor barómetro para la fotografía de registro. Y dentro de éste, el de la burocracia diplomática resulta especialmente característico.

Millares de fotografías de burócratas sentados a la mesa de negociaciones internacionales acompañan leyendas como ”Acuerdo de cooperación garantiza la paz en medio oriente”. Las figuras sonrientes, de aspecto siempre satisfecho y seguro, que aparecen en esas imágenes, harían creer que el asunto fue solucionado, o por lo menos buscarían trasmitir la esperanza de que lo será.

Y si el observador no se limita a recibir la imagen como lo que es, puede incluso interpretar que aquellas sonrisas derivan de la satisfacción por el deber cumplido, del placer generado por el fin de arduas horas de trabajo, de dedicación a la tarea de elaborar un documento capaz de conjurar en unas cuantas páginas una realidad que lo supera en siglos y una naturaleza que lo burlará siempre.

La imagen instantánea no cuenta una historia, no tiene pasado ni futuro. Ella revela sólo lo que registra: un hombre de overol con un martillo en la mano, dos burócratas sentados a una mesa, que firman un papel y sonrien.

No puede negársele al observador el derecho a interpretar, ni la esperanza de que su interpretación sea cierta, pero si debe advertírsele que el resultado de ésta es de su exclusiva responsabilidad, pues ni la fotografía ni el fotógrafo que la tomó guardan relación o compromiso con lo que el observador interpreta.

↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔

El fotógrafo y la foto bonita

antique_19th_century_camerasDesde mis tiempos de estudiante de comunicación social he mantenido el criterio de que el verdadero periodista es aquel que no sólo vive para y del periodismo en el sentido objetual, sino aquel que, desde el punto de vista ético, filosófico y hasta social, está convencido -y lo practica- de que su misión es “desentrañar el significado exacto de todo cambio operado en la realidad” desde la única objetividad posible al ser humano, la de la “subjetividad bien intencionada”, entendida esta buena intención como la práctica del periodismo como un servicio social.

Este convencimiento, la sustentación de este criterio, me vienen de la experiencia leída y vivida por dos grandes hombres de la literatura, el periodismo y la vida, John Dos Passos (“desentrañar el significado exacto…”) y Alfredo Bryce Echenique (“subjetividad bien intencionada”).

Con el tema de la fotografía me sucede algo parecido, algo que traspolo a lo cotidiano desde el ejercicio o la bien demandada acción democratizadora de la sociedad. Me explico: respeto profundamente el derecho del ser humano a aprender todo lo que desee y defiendo especialmente la igualdad de oportunidades, creo en la democratización como principio pleno de la libertad, pero todo esto debe ser bien entendido y correctamente practicado.

Si por democratización entendemos la apertura indiscriminada y ausente de controles de calidad, basada en la respuesta automática a la exigencia de respeto a los derechos, sin la necesaria contraparte del compromiso al cumplimiento de los deberes, entonces tendremos, en la vida como en la fotografía, aquella debacle de la dignidad humana que inicio la Kodak en 1888 al pregonar e instaurar el criterio del facilismo sobre el del esfuerzo del aprendizaje. Recordemos el eslogan que empleó la Kodak para atraer la atención de los potenciales compradores sobre su primera cámara compacta: “Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el resto”.

En esto de la fotografía y de quién debe llamarse o ser llamado de fotógrafo, yo igualmente me aparto de lo objetual para aproximarme a lo ético-filosófico, o tal vez, a la idea de la fotografía como arte, desde el punto de vista modernista que ya nos develó Susang Sontag en su excelente libro Sobre fotografía y al igual que Doss Passos clamo porque el fotógrafo, aquel que quiera ser considerado como tal, huya del analfabetismo funcional kodakiano y de la superflua condición de reforzar ideas aceptadas sobre lo bello.

No sé bien a quién llamar fotógrafo con toda propiedad, pero sí sé a quien no llamaré nunca así: a aquel cuyo único objetivo, preocupación y ocupación al tomar una cámara fotográfica es la de cumplir la absurda y vacía intención de reproducir lo bello, de lograr una foto bonita. Como lo dijo ya Simón Rodríguez al referirse a la libertad mal entendida – y uso esta frase asimilada a la fotografía-, “en la producción superflua está toda su desgracia”.

↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔

Cómo aumentar las visitas a tu blog? (O de cómo contribuir a la perpetuación de la ignorancia y la pérdida de la gratuidad).

visitasjpgSi hay una cosa que la dinámica de relacionamiento virtual no tiene es sentido de gratuidad. Casi nadie se relaciona através de los mecanismos virtuales sin esperar nada a cambio. Nadie saluda a un blog desde otro blog, sino para que el blog saludado le retorne el gesto, que se contabiliza en visitas marcadas, en ranking, en posibilidades de multiplicar los accesos.

Basta dar una pequeña vuelta por la internet para toparse con la innumerable cantidad de sitios que ofrecen consejos para aumentar las visitas a los blogs, para incrementar el número de accesos, que es la mayor preocupación del universo bloguero actual -mayor que la de mantener un alto nivel de calidad en los contenidos.

Uno de estos consejos pregona que todo aquel que quiera hacer popular su blog debe dejar siempre un comentario en cada blog que visita. Así no solamente podrá contar con la “respuesta agradecida” del blog visitado, sino que tendrá la posibilidad de cosechar frutos entre aquellos asiduos seguidores del blog donde se hizo el comentario.

Lo que no enfatiza este pregón es cómo o con qué nivel de sustancia o de calidad debe hacerse el comentario. Y así vemos, por ejemplo, en la mayoría de los blogs sobre imágenes -especialmente de fotografía- y los distintos sitios de relacionamiento virtual que emplean el mecanismo de colocación de imágenes como gancho -tal Flickr- una proliferación de comentarios vacíos de cualquier calidad crítica, de cualquier soporte analítico, de cualquier provecho que vaya más allá de intentar insuflar el ego, de dorar la píldora, para conseguir la reciprocidad y así sumar un dígito más en el ranking bloguero y en la rueda del fatuo egotismo.

Son comunes y abundantes los comentarios tipo “wow, imagen maravillosa”, “que foto tan linda, bonitos colores”, “tienes unas fotos maravillosas, felicitaciones. Visita mi blog, tengo algunas fotos que pueden gustarte”, “bello y simple”, etc.

Simples, simplones, más bien. Expresiones vacías, sin contenido didáctico, sin el menor esfuerzo por aportar algún elemento que pueda servir para detenerse y reflexionar sobre aquello que se muestra y sobre lo que se recibió el comentario. Y es que ni el objetivo ni el objeto son esos.

Esto se parece demasiado a aquel gancho comercial que empleó la Kodak para atraer la atención de los potenciales compradores sobre su primera cámara compacta: “Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el resto”. Tal debacle del intelecto y de la dignidad humana comenzó en 1888.

Con aquella cámara mágica en las manos nadie precisaba pensar, nadie debía “molestarse en aprender”. Aquella máquina aseguraba la belleza visual con un mínimo de esfuerzo. Aquella máquina pregonaba, con absoluta desfachatez, uno de los mayores paradigmas del mundo moderno: la ignorancia no es una tara, no constituye problema, mucho menos si usted asume, por comodidad, que quiere ser ignorante y perpetuarse sin esfuerzo.

El objetivo del mundo moderno es ese, perpetuar la ignorancia. Vemos como, por ejemplo, al percibir que las sociedades democráticas germinaban en posibilidades de expandir el conocimiento y desarrollar la consciencia crítica, la modernidad -através de sus mejores mecanismos mercantilistas- articuló instrumentos para perpetuar la ignorancia e intentar mantener así el estatus quo pre-democrático dentro del propio marco de la sociedad democrática.

El aprendizaje automático, o mejor, el automatismo sin aprendizaje ni comprensión de procesos, es uno de los más efectivos mecanismos de perpetuación de la ignorancia, es aquel que inaugura la gran era del analfabetismo funcional de la modernidad.

Este analfabetismo funcional es la marca más visible de los espacios de relacionamiento virtual. Ningún grupo de análisis, o de crítica analítica, ha sobrevivido en Flickr. Abundan los grupos para intercambio de fotografías y de egos. Abundan los “sabios del tuerto empirismo”, fuertes, decididos, habladores, devastadores, aleccionadores, venidos de un universo de prácticas mecánicas, que sólo son capaces de ver aquello que se ubica entre su nariz y su único ojo activo. Y abundan los “pobres de espíritu”, siempre necesitados, ratones de talleres y de grupos, inscritos en cuanto “espacio virtual para acariciarse mutuamente” existe. Es un reino de ciegos, donde algunos tuertos plantan reinados, cortes y consortes.

Pocos son los blogs con contenidos serios, de búsqueda y aporte sustancialmente sólido, de análisis crítico, de diatriba filosófica o teórica, de dialéctica constructiva, de ejercicio de una práctica sustentada en un aprendizaje completo e integral, de intercambio de valores educacionales, didácticos, de creatividad positiva.

Son pocos en el casi infinito universo de la internet. Y aquellos pocos que existen dentro de esta línea no son precisamente los más visitados, ni leídos. Cualquiera de estos blogs son de un alcance ínfimo comparados con aquellos que se dedican a seguir los chismes de la farándula internacional -como los de Yahoo, por ejemplo- o con esos otros que ofrecen una sorprendente gama de soluciones casi automáticas a los problemas de todo el mundo (“Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el resto”).

No hay nada gratis en la actualidad. No hay quien visite un blog sin haber sido invitado de alguna forma. Quien se lanza a la aventura de mantener un blog debe saber que sólo será una aventura divertida en tanto menos seriedad, menos profundidad, le otorgue a su contenido. Si por el contrario decide mantener un espacio de fuerte contenido analítico o crítico, debe saber que lejos de divertirse, deberá pasar horas y horas visitando otros blogs para captar intereses. Horas y horas que apenas le rendirán algunos minutos de respuestas medianamente significativas, segundos de intercambio sustancial y muchas horas de basura y desperdicio.

La mayor cantidad de cosas que recibe, en realidad, serán visitas curiosas y despreocupadas, que pasarán por allí para dejar su tarjeta de presentación: “Gran detalle. Muy interesante. Un saludo, amigo. Visita mi blog”.

↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔

Fotografía y política

volantinesc2Resulta terrible que a la vida del ser humano se le esté inundando de política, mientras se le resta poesía y contenidos filosóficos. La retórica del poder es en la actualidad más violenta que nunca y las acciones de aquellos tenidos como poderosos, por su capacidad de indicar el rumbo de la economía y la política mundial, son hoy más arbitrarias que en cualquier momento anterior.

El poder ha tomado cuenta del ejercicio político para vaciarlo de sustancia. Lo que interesa ahora no es el trabajo para el rescate y mantenimiento de los valores humanos que pueden sustentar la naturaleza social de un pueblo, su cultura. Lo que define la praxis política es la búsqueda de proyección y de solidez de los mecanismos del poder en el escenario social. Mientras más fuerte sea la imagen del ejercicio político, más poderoso serán aquellos que lo practiquen, y lo peor es que adquirirán mayor inmunidad moral y ética, no porque sean dechados de estos dos valores, sino porque el miedo al poder que ejercen les granjea un respeto sumiso y cómplice.

Esta deformación de los valores humanos, sociales y ciudadanos, ha puesto al mundo contra la pared. Ha endurecido el pensamiento social y humano. Ha hecho que se reduzcan aún más los espacios para el acercamiento, el contacto y el disfrute con elementos propios de la espiritualidad. Los discursos sociales, económicos y políticos, en el fondo, sean de cualquier matiz ideológico, están llenos hoy de un pragmatismo calificado de necesario para el rescate de las voluntades de cambio.

Hay visos de un proceso de rescate del humanismo, de una lucha por la revalorización del sentido progresista de la vida, de un esfuerzo por el resurgimiento de modelos políticos relacionados al trabajo de erradicación del elitismo de clase?

Sí,  la repuesta debe ser positiva.Y aún pudiera decirse que existen más que visos; que el mundo experimenta acciones concretas en este sentido. No obstante, estas acciones no dejan de estar fuera del uso de una práxis política comprometida con la búsqueda del poder. Y existe también la presión y las acciones concretas y sutiles de quienes se oponen a este resurgimiento, a este nuevo camino. Acciones enchidas de modos violentos, de retórica descalificativa y amenazante, de contenidos vacíos de filosofía.

Si bien los modos populares no tienen porque ser agresivos, rústicos, exentos de razonamiento lógico y de profundidad conceptual y sí llenos de pasión social, vigor humanista y fuerza moral y ética, los modos elitistas se exponene a recibir como respuesta aquello que cosechan con su retórica y sus acciones excluyentes, violentas, ultrajantes, que tampoco tienen porqué ser.

En este sentido la poesía, el arte, la diatriba filosófica, la imagen y la fotografía, llenas de arte, filosofía, ética, moral social, política, reflexiones humanas, son espacios necesarios para contribuir al rescate de la humanidad del Ser, de su condición social, de sus valores ciudadanos. La fotografía no puede dejarse plagar por el vacío de sentido que inunda la cotidianidad hoy, por la presencia del ego que articula razones para hacerse con el poder, por la violencia de los discursos excluyentes, por la tendencia elitista hacia los espacios cerrados, exclusivos, grupales, de acceso reducido.

La fotografía debe volver al pueblo, debe re-constituirse en un modo -y en un modelo- de expresión abierto, amplio, popular, interactivo. Pero no de un grupo hacia la mayoría, tampoco de la mayoría hacia la minoría, pues no se trata de encajonar los modos de expresión en simples renglones determinativos. No se trata de hacer de la fotografía una fruta de mercado en remate de última hora; tampoco es eso. Se trata de establecer el contacto del pueblo, del ser humano que, con cámara y sin ella, tomando fotos o no, tiene el derecho a fundirse con la expresión fotográfica, hacerla suya, modificarla incluso, si así lo desea. Al fin y al cabo los elementos presentes en cualquier fotografía, sean objetivos o subjetivos, le pertenecen, vienen de su propio ámbito.

Creo que a la retórica y a la praxis política de hoy le hace falta este elemento reflexivo e interactuante. Adolece de ausencia de realidad, aunque grite y se regozije enarbolando unos hechos de los cuáles supuestamente se nutre. Estos hechos no son de la política, no le pertenecen. Son de ese ámbito que puede terminar por condenarla si continúa nutriendo la ausencia de arte, la ausencia de humanidad, para trabajar por la consecución del poder para el poder mismo.

Creo que debería ser un requisito que todos nuestros políticos fueran fotógrafos, antes de ser políticos, obviamente. Deberían ser un requisito que, por lo menos, supieran apreciar los valores del arte y que fueran capaces de aprehender y comprender la dimensión abiertamente expresiva y comunicacional de la fotografía y del profundo contenido poético, filosófico y social que hay en ella (a pesar, incluso, de algunos cuantos fotógrafos).

↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔

La fotografía: ni tan real como lo real

A. Schneider comentando una de sus fotografias (Brasilia, 06 diciembre 2008)

A. Schneider comentando una de sus fotografías (Brasilia, 06 diciembre 2008)

La fotografía nunca podrá ser más real que la realidad. La imagen tratada desde la composición artística, en la búsqueda de reinterpretaciones ficcionales o de redimensiones publicitarias, no crea ni realidades distintas, ni superiores, ni mucho menos paralelas. En verdad, toda imagen producida no es más que una máscara –para bien o para mal- de lo real, en tanto los fundamentos de su producción devienen siempre de referentes concretos, aunque éstos puedan ser subjetivizados durante el proceso productivo y aún en el resultado.

De Anderson Schneider, fotógrafo brasileño que trabaja en la línea del reporterismo gráfico y el documentalismo, escuché la frase “ninguna imagen puede ser más real que el rey”. Y es cierto, ninguna imagen puede ser más real que el material al cual refiere, que el lugar de donde viene, que su objeto o sujeto nutriente.

La fotografía es simplemente análoga a la realidad que muestra –que retrata, porque toda fotografía es retrato- y se convierte en realidad en sí misma en tanto objeto concreto producido. Ella es un objeto, de referencia, informativo, artístico, de culto, de diversión, de memoria, etc. Y en este sentido poco importa la realidad que ha captado.

Producida con intención artística, publicitaria o como documento, al final toda fotografía es un producto, y un producto derivado. Su alcance emocional dependerá de la naturaleza de los referentes que muestra y de cuánta proximidad guarde con lo esencial de estos referentes.

Frente a la realidad que se capta, o se retrata, los fotógrafos actúan de diversas maneras. El publicitario, el de modas, el social, generalmente enfrentan la realidad que fotografían libres de cualquier prurito y prejuicio, porque no les toca sino vender un producto, y en este sentido no importa qué tipo de dimensiones humanas encierre la imagen que deben realizar, sino el mensaje que deben construir a favor de la historia que creará la imagen.

El reportero, el documentalista, el fotógrafo que enfrenta la realidad cruda con su cámara, sin artificios de por medio, por lo general es más susceptible al prurito y al prejuicio, al fin y al cabo le tocará emprender un “ataque”, mediante el cual deberá “robar” elementos de la realidad para convertirlos en producto; en un producto siempre extraño, porque su destino es igualmente un mercado, aunque no necesariamente comercial.

Una diferencia a veces presente entre estos dos tipos de fotógrafos es que el publicitario, o aquel que construye la imagen con artificios para un fin vendible comercialmente, está obligado a tomar en cuenta siempre al espectador externo. Con el documentalista no sucede así, necesariamente, o mejor, con el fotógrafo documentalista independiente, quien suele ser el primer interesado en lo que fotografía, el primer y más apasionado espectador de lo que observa –y a veces el único.

Esto no es una verdad absoluta. Existen diferentes niveles de compromiso en la fotografía documental e informativa, al igual que diferentes caracteres y pasiones en la fotografía publicitaria, social y de modas. Pero lo que sí es cierto es que las aproximaciones a los contenidos de la realidad que se quieren fotografiar, desde una u otra línea, están claramente divididos y marcados por los elementos de interés que las definen.

↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔↔

Hoy apenas se bocetea con la luz

imagem_3_59631_c_piaEl Club de fotógrafos del cual formo parte en Brasilia -Fotoclube F/508- se reúne los sábados para evaluar los progresos alcanzados con cada uno de los proyectos que promueve. En la dinámica surgen siempre discusiones sobre el hecho mismo de la fotografía, de hacer fotografía, de fotografiar. Hacer, tomar, producir, son verbos distintos, que remiten a procesos y acciones distintas.

En una de nuestras últimas reuniones el tema del postprocesamiento digital vino a colación, especialmente el empleo del Photoshop como herramienta. Herramienta, medio y fin, son también palabras distintas, en significado y significancia.

Una de las observaciones puntuales fue la del trabajo con el Photoshop como medio en sí mismo, es decir, más allá de su empleo como herramienta para el revelado digital, emulando los procesos de ajustes que se hacían con el laboratorio en la fotografía mecánica-química (mecánica desde la toma, química desde el revelado de lo que se toma, o se capta con una cámara de funcionamiento mecánico).

Como ejemplo se colocaron los trabajos de la Noor Images Photography Agency. La verdad no estoy absolutamente seguro de que los fotógrafos de la Noor empleen Photoshop. Algunas características en los tonos saturados, el alto contraste, la aparente aplicación de filtros digitales, la impresionante nitidez y las texturas casi tridimensionales, hacen pensar que pudiera haber un considerable postproceso digital.

Sin embargo, una medio formato Hasselblad, o Mamiya, o el uso de película Fujichrome T64, o Ilford SFX 200, manipulada con la expertícia de un Francesco Zizola, pueden garantizar tamaña calidad de imagen.

Pero sí, los fotógrafos de Noor parecen usar también el Photoshop, o mejor, el postprocesamiento digital, a gusto, a voluntad. Con verdadero gusto y voluntad, pues los resultados, además de impresionantes, son diferenciados. Qué quiere decir esto? Pues que si usan el postproceso digital, lo hacen como herramienta de ajuste y no como medio de alteración de la imagen captada, ni mucho menos como fin en sí mismo.

Lamentablemente, el avance desmedido del acriticismo cultural en el mundo digital ha hecho que la fotografía se vea perjudicada en su esencia, sin que muchas personas perciban la gravedad del caso –también puede verse como una gravedad relativa, desde el punto de vista de ese paradigma neomoderno que es la idolatría de la novedad, malentendida como desarrollo o avance.

Escribir con la luz ya casí no se hace más. Hoy se escribe la imagen mucho más con el software. Con la luz apenas se bocetea. El fotógrafo postmodernista se conforma con bocetear la imagen en la cámara, pues el trabajo final lo producirá en el computador, software de postproceso mediante. Y entonces el software se convierte en el fin, es decir, hoy el fotógrafo se aplica mucho más en aprender con absoluta propiedad los detalles del sotfware de postproceso, que los de la propia cámara, o los del proceso de captación de la imagen.

Para no hacer más largo el asunto, voy sólo a copiar aquí un caso que generó una fuerte discusión en el I Concurso Fotográfico Internacional Pentax-Quesabesde.com:http://www.concursopentaxquesabesde.com/VerFoto.asp?Foto=1979&Ex%f3ticas/Al

Una fotografía intervenida digitalmente, que disparó criterios diferenciados sobre el tan delicado tema de la fotografía compuesta en el postproceso y la fotografía compuesta en la cámara.

En general, la discusión generó consenso en cuanto al establecimiento de diferencia entre el concepto de fotografía y el concepto de imagen, otorgando la calificación de fotografía a la imagen compuesta en la cámara y mejorada con el postprocesamiento digital que emula al laboratorio químico, es decir, nivelación de brillo y contraste, luces y sombras, y tal vez algún ajuste de encuadramiento. Mientras que para la fotografía que sufre retoques más amplios, al punto de considerarse una intervención que modifica o altera el original, queda la calificación de imagen.

Un tema realmente a discutir.

8 pensamientos en “Artículos

  1. Pingback: Imágenes de la brasileñidad | Signus Photo Site

  2. Pingback: Artículos – La piedra que es el clic | Signus Photo Site

  3. Pingback: Artículos – Es el reporterismo gráfico un reducto masculino? « Signus Photo Site

  4. Pingback: El fotógrafo y el Caos – Artículo | Signus Photo Site

  5. Pingback: Artículos: El fotógrafo y la foto bonita « Signus Photo Site

  6. Pretty cool post. I just stumbled upon your site and wanted to say
    that I’ve really liked reading your blog posts. Any way
    I’ll be subscribing to your blog and I hope you write again soon!

  7. Pingback: Cómo aumentar las visitas a tu blog? « Signus Photo Site

  8. Saludos y encantado de conocerte, gracias por tu paso por mi blog como tu comentario.
    Siempre me gusto los fotógrafos que ilustran y hablan sobre sus trabajos, aportan una dimensión mas y nos acerca un poco mas sus obras, tu tienes la facultad de sacar buenas fotos y al mismo tiempo de hablar, es fantástico y da una visión mas de tu mundo.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s