Esta es una página para compartir gustos e información. Sí, información sobre aquellos fotógrafos que me gustan, aquellos cuyas obras fotográficas me han impactado y me siguen cautivando. No pretendo hacer una enciclopedia sobre la fotografía, ni una guía sobre fotógrafos del mundo, porque además hay tantos fotógrafos en el mundo que confieso me resultaría imposible terminarla antes de morir. No, es simple, muy simple: colocaré aquí una lista (no sé si breve, tal vez) de aquellos hombres y mujeres que dedicados al trabajo fotográfico han logrado tocarme en lo vital, en lo ético y en lo estético. Aquellos a los que he logrado tener acceso, claro, pues sería una estupidez pretender que he observado todo, cuando en realidad he visto casi nada.
Erich Salomon – Alemania
Nacido en Berlín en 1886, Erich Salomon se inició en la fotografía por casualidad y por dinero. Abogado de profesión comenzó a tomar fotografías en las salas de juicio que pronto le rindieron espacio en los periódicos y buenas ganancias económicos. Su posición le permitió también adentrarse en el mundo de la política, donde produjo no pocas imágenes especiales. Conocido en su época como “el rey de la indiscreción” por su capacidad para tomar fotos en los momentos más inesperados para los fotografiados, Salomon se convirtió en el pionero del fotoperiodismo político, además de ser uno de los primeros en usar máquinas de pequeño formato (Ermanox y Leica) y en fotografiar interiores sin flash ni lámparas, justo para poder pasar desapercibido y capturar sus presas en el “momento esencial”. Su fotografía es concreta, informativa, netamente periodística. Como lo exponen en el blog Reportaje Gráfico, “Salomon trabajaba con tiempos de exposición de una quinta parte de segundo y un segundo, para que el sonido del obturador no pudiera distraer la escena. Además, introdujo una persiana Compur, sin apenas vibración, con lo que los protagonistas sabían que se les estaba fotografiando, pero no sabían cuándo. A pesar de ser un fotógrafo “indiscreto”, se cuidó siempre de no perturbar a los fotografiados y esta actitud se plasmaría en su trabajo, lleno de naturalidad, factor determinante en la llamada “Candid Photography”, que Erich Salomon inauguraría con su trabajo, alejado por completo de la idea de reportero gráfico que conocemos hoy día, del denominado paparazzo, inmortalizado en la película de Fellini La doce vita”. En esencia, Salomon inaugura un tipo de fotografía periodística donde se destaca -para continuar citando a Reportaje Fotográfico- “la inmersión total de la cámara en el interior de los acontecimientos, pero sin inquietar, alejándose de la información escenificada”. El origen judío de Salomon le llevó, junto a todos los miembros de su familia, al campo de concentración de Auschwitz, donde murió en 1944.
Juan Di Sandro – Argentina
Nacido en Italia (Coli Al Volturno) en 1898, Juan di Sandro llegó a Buenos Aires a los 12 años de edad y de inmediato comenzó a trabajar de aprendiz en un estudio de fotografía. Aunque sus primeros trabajos se relacionaban con la fotografía industrial y la publicidad, poco a poco amplío su temática y mostró su buen trabajo en diversos acontecimientos como la llegada del hidroavión Plus Ultra en 1926, la del Zeppelin en 1934 o el incendio de la tienda de «El Coloso» en 1937. Su trabajo periodístico se considera influido por Henri Cartier-Bresson, puesto que di Sandro dio gran importancia al momento único en la toma fotográfica, aunque se aventuró también en la experimentación con grandes desafíos técnicos para la época, como las tomas nocturnas y los ángulos no habituales. Por otra parte, se esmeraba en la obtención de una armonía estética para cada foto. Las fotografías de Di Sandro son auténticos documentos justamente por la síntesis que presentan de cada acontecimiento registrado, pero también por su clara orientación artística. Su trayectoria en el fotoperiodismo comenzó en 1914 cuando ingresó al diario “La Nación”, del cual se jubiló como jefe de fotografía en 1968, aunque siguió colaborando hasta 1976. Con Di Sandro la fotografía argentina obtiene esa doble significación de ser testimonio de un hecho al servicio del uso periodístico y de producir placer estético. Murió en Buenos Aires, el 22 de junio de 1988.
Moisés Valdéz – Bolivia
Aunque poco conocido inclusive en su tierra natal, Bolivia, Moisés Valdéz es considerado por el investigador estadounidense Daniel Buck como uno de los pioneros de la fotografía boliviana. Instalado en el Departamento del Potosí a partir de la década de 1880, Valdéz documentó a lo largo de la década de 1890 el trabajo de los mineros bolivianos en el Potosí, Tupiza, Chorolque, Tatasi, Quechisla y Atocha. Viajó extensamente para hacer fotografía documental y retratos, en especial de los directores de las grandes compañías mineras, como Aramayo y Francke & Cia, la principal empresa de minas en el sur de Bolivia. Aunque no se cuenta con un registro preciso de su nacimiento ni de su muerte, se conoce que al final de su vida Valdéz fundó y mantuvo un estudio fotográfico en la ciudad del Potosí, donde hizo retratos para oficinas, tarjetas de presentación y postales.
José Oiticica Filho – Brasil
José Oiticica Filho (Río de Janeiro, en el Estado de Río de Janeiro, 1906). Fotógrafo, pintor y entomólogo, es una de las principales figuras de la moderna fotografía brasileña. Se gradúa en la Escola Nacional de Engenharia [Escuela Nacional de Ingeniería] en 1930, en Río de Janeiro. Entre 1928 y 1962 imparte clases de matemáticas en los colegios Jacobina, Pedro II, en la Facultad Nacional de Medicina y en el Colegio Universitario. Es entomólogo especializado en el Museu Nacional da Universidade do Brasil [Museo Nacional de la Universidad de Brasil] desde 1943 hasta 1964. Es uno de los más influyentes miembros del Movimento Fotoclubístico en el país. Integra el Foto Clube Brasileiro [Foto Club Brasileño], la Associação Brasileira de Arte Fotográfica [Asociación Brasileña de Arte Fotográfico], en Río de Janeiro, y el Foto Cine Clube Bandeirante, en São Paulo. Participa en exposiciones en diversos países, recibe premios y es incluido en una lista de los mejores fotógrafos del mundo, constituida por la Fédération Internationale d’Art Photographique. En su trayectoria como fotógrafo, desarrolla trabajos utilitarios, que son las microfotografías realizadas para documentar su trabajo de investigador; pasa por los fotoclubes, que congregaban a fotógrafos en torno a la discusión acerca de la técnica y de la estética de la fotografía; realiza fotografías abstractas y adhiere al constructivismo, profundizando la crítica a lo figurativo y probando nuevas posibilidades en el proceso en laboratorio, donde recrea la imagen fijada por la cámara. Murió a los 58 años de edad, en Río de Janeiro.
Leo Matiz – Colombia
Reconocido en el año de su muerte, 1998, por el Gobierno colombiano como el fotógrafo más importante de ese país en el siglo XX, sus trabajos son administrados a partir de entonces por la Fundación Leo Matiz. Representante de la generación que trazó las líneas de la modernidad urbana en la fotografía latinoamericana, Matiz se formó en aquella escuela que se interesó siempre por dar carácter artístico a la producción fotográfica. Su prestigio como fotógrafo crece entre los años 40 y 50. En la época realiza trabajos para las revistas Life, Reader’s Digest, Look y Harper’s, donde deja importantes testimonios gráficos marcados por un estilo consecuente con la visión americanista propagada por el movimiento muralista mexicano, con el cual se relacionó durante la juventud, porque Matiz fue también dibujante. Realizó su carrera entre Colombia, México, Perú, Argentina y Venezuela. Murió en Bogotá, a los 81 años.
Antonio Quintana – Chile
Antonio Quintana es conocido por el apodo de “el fotógrafo del pueblo”. Con obra prolifera, Quintana se aproximó a la fotografía de manera autodidacta durante la década de 1930, a los 26 años de edad. Desde ese momento comenzó a colaborar con revistas de arte y arquitectura, para transformarse en uno de los más notables fotógrafos de Chile y en un pilar de la fotografía latinoamericana. La obra de Quintana demuestra el fuerte compromiso social del fotógrafo, con la característica de que trasciende el simple registro de la realidad, para elevar a la fotografía a un complejo medio de expresión ideológico y cultural, de corte pedagógico. Tal vez el hecho de haber sido profesor de química y física en la escuela media y su militancia en el Partido Comunista marcó su línea social y dio esa fuerte carga de interés por mostrar el rostro de Chile de una forma siempre abierta y simple, dentro de su gran complejidad. Su trabajo revela las distintas caras de los trabajadores, los niños, los diversos items de la industria y la religiosidad popular chilena. Es eso lo que define a Antonio Quintana como el iniciador de la fotografía como documento social en Chile. Quintana murió en 1972 y gran parte de su obra es conservada en el Archivo Fotográfico de la Universidad de Chile.
Raúl Corrales – Cuba
Raúl Corrales captó los mayores momentos épicos del proceso revolucionario de Cuba, gracias a su trabajo como corresponsal de guerra. Sin embargo, cuando se recorren las fotografías de Corrales no sólo se advierte el registro fiel de acontecimientos históricos, captados con excelente técnica periodística, sino también con dimensión estética heredada de la tradición barroca latinoamericana. Dotado de un sentido clásico de la composición por su equilibrio, austeridad y contraste, Corrales dio a la fotografía cubana innovaciones formales llenas de plasticidad, tal vez producto de sus vínculos emocionales con los hechos que fueron objeto y objetivo de su acción fotoperiodística. Sus colecciones han sido expuestas en importantes galerías de Cuba, Brasil, Venezuela, Argentina, Italia, México, Francia, Bélgica, España, Alemania y Estados Unidos. En 1996 obtuvo el Premio Nacional de Artes Plásticas y es considerado en la actualidad como uno de los fotógrafos emblemáticos de la revolución cubana. Murió en la Habana en 2006, a los 81 años.
Wifredo García – Dominicana
Wifredo García es conocido como “El padre de la fotografía dominicana”. Su obra fotográfica, que puede apreciarse repartida entre la colección permanente del Museo del Hombre en París, la Galería de Arte Moderno de Santo Domingo, el Museo del Hombre Dominicano y el Museo de las Casas Reales, es de extraordinaria fuerza realista y de dramatismo tan marcado que muchas veces ha sido calificada de poética. Fotógrafo seguidor de la teoría del instinto, sin dejar de ser racional, buscaba la comunicación de la lucidez humana a través de sus imágenes, adicionando al realismo transparente de su estilo el manejo de una técnica perfeccionada al punto de hacer extremadamente expresivos o puros qualquiera de sus temas fotográficos. García trabajó en registros de color y en blanco y negro, moviéndose con maestría en ambos. Como muestra de ello, el Primer Premio Internacional de la OEA en fotografía a color de Las Américas. Fue también promotor incansable de la práctica y desarrollo de la fotografía artística en la República Dominicana, desde 1968, cuando fundó la asociación fotográfica Jueves 68. Wifredo García se dedicó a la enseñanza en el campo fotográfico, como profesor en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, hasta su muerte en 1988, a los 53 años de edad.
Diane Arbus – EE UU
Diane Arbus fue una de las fotógrafas americanas más importantes de la posguerra. Muchos la conocían por sus retratos de marginados, travestis y “anormales”, pero lo que verdaderamente definía su trabajo era el reflejo de la individualidad de cada sujeto (y de su relación con Diane) en su fotografía. En el plano técnico, Arbus es considerada como pionera en el empleo del flash de relleno y de la ruptura de la composición tradicional, al situar a sus personajes en el centro del fotograma. Pero esto último obedece más a la concepción que Arbus tiene del retrato, siempre de mirada directa, con tensión y fuerza. Para ella no existe el “momento decisivo”, trabaja en continuo espacio temporal y obliga a sus personajes o modelos a que sean conscientes de que están siendo retratados. Sin duda que la fuerza fotográfica de Diane Arbus radica en dos aspectos: la profunda y devastadora relación que conseguía entablar con lo fotografiado y su capacidad para revelar lo oculto a través de la fotografía. Mucho más sorprendente que sus retratos de gente de circo o de personajes considerados “anormales” -que es aquello que usualmente se explota de Arbus- son aquellas imágenes de gente normal, común, o incluso de personajes superconocidos como “modelos universales de algo que debería ser imitado” (como el caso de su retrato del célebre escritor argentino Jorge Luis Borges), donde la fotógrafa logra extraer perspectivas ocultas, casi oscuras. Por ello se habla también de que Arbus, aún cuando fotografía personas normales, incluso cuando retrata a alguien más próximo a “lo estándar”, siempre construye u ofrece su visión grotesca. El resumen de la mirada y de la búsqueda fotográfica de Diane Arbus está contenido en una frase que dijo poco antes de suicidarse: “Lo que me gusta más es ir adonde nunca había estado”. Y Arbus llegó, incluso vitalmente, donde ningún otro fotógrafo había logrado -o querido- llegar. Murió en Nueva York en 1971, a los 48 años de edad.
Henri Cartier-Bresson – Francia
Decantarse por una obra de Cartier-Bresson resulta de suma dificultad. Maestro en la captación de paisajes urbanos donde la presencia e interacción del ser humano determina siempre su dinámica e intensidad, es sin embargo, desde mi visión, en el trabajo con los retratos anónimos donde este fotógrafo logra su expresión más extraordinaria. Desde la óptica de Bresson la puesta en escena involuntaria revela aspectos ocultos de la personalidad de los protagonistas y de todo cuanto contextualiza su presencia. Conocido mundialmente por su teoría de “el momento único o irrepetible”, fue llamado también “el ojo del siglo” por haber estado y fotografiado en todos los lugares importantes para la historia del Siglo XX (la guerra española, donde se debatía una libertad universal; en la II Guerra Mundial, donde fue apresado e intentó huir tres veces, lo consiguió al final y rodó la película Le retour; en China y en la India o en el desembarco de Normandía). Como lo expresa Antón Castro, Bresson fue un fotógrafo poco convencional. Castro agrega que algunas personas han definido a Bresson como un fotógrafo de “mirada sádica”, pero que “en cualquier caso era una mirada profunda, atenta, con voluntad de escrutar, pero también era una mirada que sabía esculpir, depurar, era una mirada con referencias culturales, una mirada que había asimilado muy bien las técnicas pictóricas en todo lo que se refiere a la composición”. Y como asegura Pierre Assouline en su libro El ojo del siglo, Bresson fue un artista de mirada poliédrica, persuasivo e invisible, cuyas obras “vuelven visible lo invisible”, un fotógrafo y un hombre que siempre estuvo “lejos de lo anecdótico y lo más cerca posible de la íntima verdad de la gente”. Murió el 3 de agosto de 2004, a los 96 años de edad.
André Kertész – Hungría
Kertész es considerado uno de los fotógrafos más imaginativos y lúdicos de las décadas de 1920 y 30, debido a sus composiciones poco ortodoxas que marcaron un estilo muy personal. Lo cierto es que su trabajo es pionero en el establecimiento y desarrollo del ensayo fotográfico. En general, fue considerado un artista intimista, llevando al espectador dentro de su obra, incluso si la foto era sobre la ciudad, como en el caso de sus imágenes sobre Nueva York o París.Después de su muerte, su trabajo siguió recibiendo críticas positivas, siendo considerado un fotógrafo consistentemente fino. Su obra es conocida por el uso predominante de la luz; el mismo Kertész dijo “Yo escribo con luz”.Kertész no era seguidor de ningún movimiento político y sus fotografías se limitaban a representar la simplicidad de la vida, desde sus silenciosos, peculiares y ocasionalmente graciosos incidentes hasta sus bizarras yuxtaposiciones, con una perspectiva llena de intuiciones. Con su estilo íntimo y su tono nostálgico,sus fotografías tienen una sensación de eternidad que no fue reconocida hasta después de su muerte, que ocurrió en Nueva York, en 1985, a los 91 años de edad.
Julia Margaret Cameron – Inglaterra
Aunque nació en Calcuta en 1815, Julia Margaret Cameron es llevada a los tres años de edad a París y luego a Inglaterra para recibir su educación fundamental. Este período va de 1818 a 1834, es decir casi todo el período de su niñez y su total adolescencia. Luego de vuelta a la India conoce a quien sería su marido, Charles Hay Cameron dueño de una gran plantación de té. Juntos regresan a Inglaterra en 1848, y es en Inglaterra, en su residencia de la Isla de Wight (Condado de Wight), donde Julia Margaret Cameron comienza a practicar la fotografía, a los 48 años de edad, en parte para ocupar su ocioso tiempo aristocrático y en parte para responder al obsequio que le hiciera su hija en 1863, una rudimentaria cámara fotográfica. Tres años después, entusiasmada por sus trabajos fotográficos, todos retratos, se compra su primera cámara de placas, de 12x15cm e inicia su significativo transcurso por el mundo de la fotografía, para convertirse en una de las grandes exponentes del retrato artístico. Libre de las presiones técnicas, en primer lugar por desconocerlas naturalmente, y luego por elección, a la muestra de sus excelentes resultados fotográficos, Cameron se convierte no sólo en una excelsa representante del retrato con efecto lírico, gracias a la constante presencia de un ligero desenfoque en sus imágenes, sino que también en una innovadora del género, por cuanto se atreve a realizar fotografías que se ubican fuera de los cánones de la época, en composición, técnica y forma. Muchos puristas y/o críticos y fotógrafos adoradores de la perfección técnica criticaron su trabajo y lo calificaron como un subproducto del azar, pero lo cierto es que la obra de Julia Margaret Cameron demuestra que la excelencia artística se ubica más allá del dominio técnico, que esta está enraizada en la capacidad sensitiva de quien se pretende creador o artista. Y la verdad es que aquello que ciertos críticos señalan como defectos, son los elementos que constituyen el discurso estético en la fotografía de Julia Margaret Cameron y que luego dieron origen a ciertas tendencias como el llamado efecto flou y el pictorialismo de finales del siglo XIX. como bien lo apunta Héctor Fernández en un artículo publicado en Caborian.com: “Su estilo le valió un montón de críticas. Desde las más duras (…) Hasta algunas algo más condescendientes, que apreciaban la fuerza plástica de sus retratos, pero que los veían fallidos por falta de pericia técnica, sin lograr entender que pudiese ser una opción legítima”. Julia Margaret Cameron murió en Kalutara, Ceilán, a los 64años de edad.
Abbas Attar – Irán
Abbas Attar es un fotógrafo iraní, nacido en 1944. Integra la legendaria agencia Magnun Photos desde 1981. Radicado en París, Abbas dedicó inicialmente su trabajo a documentar la vida políticay cotidiana de las sociedades en conflicto como Biafra, Vietnam, Sudáfrica durante el Apartheid y la Revolución en Irán. Luego hizo varios ensayos sobre el Islam, el Cristianismo y el Paganismo, en los que trabajó varios años. Su trabajo fotográfico se nutre de la técnica y la estética consolidada por los grandes maestros del fotoperiodismo, como Shelby Lee Adams, Dorothea Lange, Robert Capa, Bill Eppridge, Don McCullin y Henri Cartier-Bresson. De estos grandes maestros Abbas asume que el reportaje fotográfico supone algo más que tener unos ojos y una cámara fotográfica. Supone tener una mirada, que es tener finalmente una conciencia política, lo que es fundamental si lo que se pretende es hurgar en las relaciones humanas. Según palabras de Clemente Bernard sobre el trabajo Visiones del Islam, “Abbas es heredero directo de esta forma de entender el fotoperiodismo -que hoy prácticamente ha desaparecido-, y lo hace a la manera clásica, es decir, tomando los hechos como punto de partida y huyendo de lo prefabricado, de lo montado, de lo previsualizado. Su metodología, empero, aporta algo que era nuevo en el reportaje fotográfico, como es el abordaje de proyectos casi epopéyicos, a largo plazo, con la finalidad de empaparse completamente del tema y ofrecer una visión si no exhaustiva sí al menos lo suficientemente amplia y completa como para constituir un auténtico modelo referencial”.
Izis Bidermanas – Lituania / Francia
Bidermanas es reconocido como uno de los grandes fotógrafos poéticos post segunda guerra mundial. Su claro interés por situar la realidad cotidiana en su pleno sentido humano, quizás devenido de su dura experiencia durante los años de guerra, como judío discriminado, perseguido, encarcelado y torturado, marcan la línea humanista de su fotografía. Izis es de origen Lituano, pero se trasladó a París a los 19 años de edad, para tratar de huir de la persecución y también con el objetivo de dedicarse a la pintura. Para sobrevivir en París entró a trabajar como asistente en un estudio fotográfico y a los 3 años ya se encontraba como gerente del estudio. En contraste con lo que vivió durante el período de guerra, procuró siempre mostrar a sus personajes retratados en su más esplendida serenidad. Fue un maestro del contraste medio en la fotografía en blanco y negro. Murió en París en 1980, a los 69 años. Los trabajos fotográficos que le dieron su mayor fama se encuentran recogidos en el libro Paris des rêves (París de los sueños) que publicó en 1950.
Manuel Álvarez Bravo – México
Manuel Alvarez Bravo es considerado el mayor fotógrafo mexicano y uno de los mayores del mundo. Con una trayectoria singular, Álvarez Bravo contactó, durante los años 30, con los surrealistas, con los fotógrafos del modernismo y hasta con los del reporterismo gráfico, que empezaba a definirse. La especificidad de su trabajo, aún vista a la luz de todos esos movimientos, se relaciona con las circunstancias culturales, con aquellas que dieron origen a artistas como Diego Rivera o Frida Kahlo. En sus fotografías Álvarez Bravo aborda el universo simbólico de América Latina con la mirada surrealista de quien ve el mundo a través de la apariencia onírica. Las presencias de las culturas ancestrales indígenas en sus fotografías, a la par de la realidad de su tiempo, hacen de Álvarez Bravo el fotógrafo que supo mostrar la personalidad, costumbres e historia del pueblo mexicano. Él es considerado el fotógrafo de la identidad mexicana del siglo XX y es llamado por el apodo de “El fotógrafo de la luz”. Pero sobre todo, Álvarez Bravo es un maestro del modernismo fotográfico latinoamericano. Murió en México, en 2002, a los 100 años de edad.
José Santos Cisneros – Nicaragua

Retrato de Natalia Cisneros, hija del fotógrafo Impresión en vidrio, con la técnica de colodión seco José Santos Cisneros, 1927-1930
Comienza a fotografiar en 1909, a los 22 años, y llega al clímax de su expresión artística entre las décadas del 30 al 50, época en que impulsa también la industrialización del negocio de la fotografía, partiendo de su propio estudio fotográfico. El trabajo de Cisneros fue rescatado del olvido por el arquitecto y artista plástico nicaragüense Luis Morales, dueño de la Galería Añil, localizada en Bolonia, Managua, quien ejerce en la actualidad la custodia de la obra del fotógrafo. Según la crítica de arte nicaragüense, las fotografías de José Santos Cisneros son admirables por su calidad técnica, escala tonal y nitidez, además del extremo cuidado que el fotógrafo tuvo al imprimirlas. Cisneros llegó a retratar a personajes tan opuestos como el poeta Rubén Darío y el dictador Anastasio Somoza García, mostrando siempre rasgos de la intimidad de sus retratados. Fue también un gran retratista familiar. Murió a los noventa años en la ciudad de León, Nicaragua.
Martín Chambi – Perú
Martín Chambi nació en una pequeña aldea de los Andes, de una familia campesina de indígenas Quéchua. Después de trabajar durante algunos años en una mina de oro, Chambi tiene la oportunidad de establecerse en la ciudad de Arequipa, donde es empleado como asistente en un estudio de fotografía. En 1920 regresa a los Andes y monta su propio estudio en Cusco, la antigua capital Inca. Durante más de 20 años, mientras su estudio prosperaba, Chambi efectuó numerosos viajes por la región, produciendo millares de fotografías, algunas de las cuales han entrado a la historia. Fue, probablemente, el primero en fotografiar con maestría Macchu Picchu, que sería redescubierto en 1911. Durante esos años, Chambi formó una colección única compuesta por escenas de la vida cotidiana de los pueblos locales, varias imágenes de Cusco y del paisaje andino, además de lugares arqueológicos. La colección creada por Chambi es una fuente incomparable sobre la cultura indígena, a la cual él mismo pertenece. Fotógrafo indigenista, fue el primero en fotografiar a su pueblo a través de la propia mirada indígena. Chambi declaró en 1936: “Me siento un interprete de mi raza, mi pueblo habla a través de mis fotografías”. Durante el tiempo que pasaba en su estudio se especializó en retratos, usando la luz cenital natural en estilo dramático y adoptando algunas convenciones del pictorialismo. Una división coherente de la obra de Chambi se dio entre lo comercial y lo personal. La primera, cuantitativamente mayor, se constituye básicamente de retratos; también se incluyen aquí sus retratos por encargo fuera del estudio y en exteriores, y sus grandes retratos grupales. La segunda es principalmente su trabajo de registro antropológico, que pese a ser cuantitativamente menor se distingue por haber sido realizada con notable persistencia y continuidad. Chambi murió en Cusco, en 1973, a los 81 años.
Héctor Rondón Lovera – Venezuela
Héctor Rondón nació el 25 de noviembre de 1933 en Apure, Municipio Bruzual. Ahí vivió los primeros 16 años de su vida para luego mudarse a la ciudad de Maracay, donde permanecería 5 años. Durante un tiempo fue taxista, trabajó en una empresa de vidrio, fue plomero y jugador de ligas menores de beisbol. A los 21 años viaja a los Teques para vivir con su hermana y aquí se encamina como fotógrafo. A través de un amigo llega al diario La República, lugar donde laboraba cuando tomó la foto que lo dio a conocer internacionalmente, al otorgarle el premio World Press Photo en 1962 y el Pulitzer en 1963. Medios internacionales como The New York Times y la cadena Reuters se interesaron rápidamente en Rondón. También recibió ofertas de trabajos en Holanda. Como corresponsal de guerra presenció diversos enfrentamientos en Latinoamérica. En vida lo invitaron a muchas clases en escuelas de Periodismo para hablar de su experiencia profesional y tuvo la oportunidad de dar clases de fotografía en el Colegio Nacional de Periodista. Dentro de la línea pura del reporterismo gráfico, Rondón Lovera dejó un legado de grandes imágenes del dolor y la barbarie humana a través de los conflictos bélicos y se convirtió en el maestro venezolano del reportaje de guerra. También fue gran retratista, pues supo extraer de la mirada de sus retratados los más profundos sentimientos con tan sólo ubicarlos delante de la cámara, sin poses ni forzamiento de posturas. En su trabajo se aprecian dos momentos y un mismo objetivo: el del reportero de guerra, que retrata la vileza humana, y el del registro de actos públicos oficiales para la prensa diaria, donde la vileza humana continúa presente. Murió el 21 de junio de 1984.
















